lunes, 12 de septiembre de 2011

Del chavista light al escuálido rojo rojito

(Nota: mientras preparamos nuevos post, compartiremos con ustedes algunos que, en la lectura diaria de la prensa, nos han dejado honda impresión. Entre ellos, la problemática del chavismo light, esa clase de chavismo tan cercano en las acciones a la oposición, lamentablemente colado en la Administración Pública. Esas Escarlatinas Rojas Bermellon de las que tan acertadamente nos habla la camarada Carola Chavez , astutos personajes burgueses que, sin ninguna formación ideológica, desclasados o en el peor de los casos, burgueses "lindos y bellos", con el corazón en la oposición y la boca hablando cosas en las que no creen, poco a poco han ido metiendose en el seno de la estructura burocrática a punta de manipulación y engaño. Esos que no conocen ni siquiera el centro de Caracas, sino más bien, mucho Londres y mucho París. Demasiado oportunismo).

Siempre me ha llamado la atención, como estudioso de la conducta humana, esa categoría adeca de supervivencia política en que alguien es un “ni-ni”, es decir “ni de uno ni de otro”, pero eso si, de los que podrían inclinarse para lanzarse en los brazos del que parezca ganador. Es como apostar después de haber visto cinco innings del juego.

El ni – ni es una forma de vivir de hace tanto tiempo que hasta existieron partidos hechos para practicarlo intensamente: URD y después el “Urredizado” MAS, para poner dos ejemplos partidistas, y no hablar de aquellos dinosaurios de pasillo ministerial que en un quinquenio eran adecos y en otro copeyano. Dicen hoy que Chávez irrespeta la política llamándolos “frijolito” pero no recuerdan que se llegaron a poner hasta nombre de animal o de topónimo despectivo: “mira, ¿vamos pal mitin del Gocho?” y contestaba el otro “¿no, que va yo ahora soy copeyano y voy por El Tigre?” era el tiempo de frases destempladas como la de “Jaime es como tú” para que el venezolano se identificara con lo que Joe Napolitan pensaba de nuestro estereotipo psicológico: “sí, Jaime es como yo, borracho, mujeriego, vivo, zángano”. Los mensajes que se creaban no respetaban a nadie: “ los adecos son mejores porque roban pero también dejan robar, en cambio los copeyanos roban solos”, “con los adecos se vive mejor”, “Caldera no, Calderrota”, eran arengas hechas para los ni-ni, “para que te decidas por nosotros los adecos”, una invitación abierta y chabacana al joven vivaracho y al adulto medio, que aplicando nociones de carreras de caballo a la política no les gustaba “perder el voto”, la cúpula adeca estaba clara en que los abuelos no necesitaban esas propagandas, siempre seguirían votando fielmente por la tarjeta blanca.

Pero en lo interno, también proliferó la enfermedad ni-ni, ellos fueron elemento decisivo en aquel circo de los “colegios electorales” adonde en un poliedrazo adeco se eligió a CAP II para el 88, dejando en el camino a Octavio Lepage. Tal lejana referencia, ultima experiencia democrática interna de un partido de oposición, nos sirve para apostar que en ese tema de las primarias escuálidas, Ramos será el Gran NI –Ni hasta el noveno inning, de eso tiene una tremenda escuela que le sabrá mostrar oportunamente a los que él llama “sus extraños compañeros de cama”.

En tiempos más modernos somos testigos de un fenómeno que tiene la misma raíz: el Chavista Light y el Escuálido Rojo Rojito, que puestos juntos, ambos sujetos fronterizos, por su vecindad y oportunismo hacen más o menos una misma realidad: la tragedia de vivir disimulando en un mundo ajeno. Ese chavista Light dice estar con Chávez pero se mantiene masticando el mismo chicle de mensajes vacios y sin fundamento que inventaron los medios escuálidos: “no acepto a quienes le rodean” “le está regalando a los extranjeros”, válgame Dios, eso se parece a aquella tía que aceptaba a la novia de mi primo, pero no le gustaba de ella, ni la cara, ni el cuerpo ni la forma de ser, ¿entonces por qué esta con Chávez?, en esencia porque ese Chavista Light es solo un rebelde, no un revolucionario, la cuarta república no le dio, él estaba descontento con su posición en el sistema no con el sistema mismo, Chávez es solo otro gobierno donde tampoco, a su juicio, le han dado lo que le tocaba, lo que se merecía, necesitaría recibir más para ser verdaderamente un chavista. Él tiene su propia forma de pensar y nadie le ha dicho lo que en realidad es el socialismo: bueno sí, es mas o menos ser humanista y ocuparse de los pobres, en eso él Light está de acuerdo con Chávez pero siempre dice “¿y la clase media, y lo que me toca a mi?”. No firmó contra Chávez, pero no precisamente por lealtad chavista sino porque no le gusta comprometerse, tampoco fue a votar en las internas del PSUV, ha ido a una que otra marcha para que lo vea la gente del ministerio, donde es jefe de departamento, aparece un poco tarde con una camisa de otro color, andar de rojo no le gusta, la gente del edificio lo miraría mal y además, dice con cara de Paolo Coelho, “ser chavista no es ponerse una camisa roja”.

Justo en la oficina de enfrente hay otro jefe de área, el escuálido rojo rojito, quien piensa sinceramente que creer en revoluciones y procesos históricos son cosas de “trasnochados”, él solo tiene que disimular, el socialismo es una mentira más, uno nace, crece, cría los hijos y después se muere. Hace gala de su prospectiva pico y pala cuando piensa: “en el 2012 sacaran a Chávez y veremos entonces donde todos sus seguidores se meterán”. Él firmó tres veces contra el Presidente, pegó gritos en Altamira y trancó las calles de su urbanización. No habla con sus vecinos sobre aquella ridiculez que hicieron de organizarse contra las hordas chavistas en 2002, ni de cuando rompieron la boleta electoral, ya eso se olvidó, si preguntan dirá que lo metieron en una lista sin consultarlo o que lo forzaron a hacerlo, y si indagan su posición dirá no ser “ni de uno ni de otro bando”. En las marchas, eso sí, va de rojo, pero entre sus familiares y amigos dice que lo obligaron a ir y que vio muchos autobuses del interior para poder llenar a Caracas, no dice nada del poco de cervezas que se tomó ni de que bailó con las muchachas al son de la música y de la alegría típica de esos encuentros donde infiltrado y todo también tienes derecho.

La maestría con que estos dos personajes pueden contrarrestar las iniciativas y la motivación es verdaderamente asombrosa y tiene sus características:

  • Desprecian al radical o al ideólogo, a ellos les da lo mismo, es un ignorante o un ciego demostrado en el hecho de ser demasiado chavista.
  • El “trabajo” se usa como excusa para no participar ni dejar que los empleados participen. Siempre hay mucho trabajo.
  • Invariablemente hacen una camarilla de escuálidos para criticar todo, porque todo es culpa de Chávez.
  • Instalan una meritocracia en “su unidad” para favorecer al “neutro”, despolitizan los espacios, sostienen con seriedad magistral: “aquí no vamos a hablar de política”.

En este sentido, puntualicemos algo: en materia de enfermedades mentales hay unos síntomas que llamamos patognomónicos, la sola presencia de ese síntoma ya delata la enfermedad. Haciendo un símil, el que tiene el síntoma de la “neutralidad”, el que despolitiza, el que no quiere que se hable de política en “su unidad” , y que hemos puesto aquí como la cuarta característica, es patognomónica, cuando esta presente, ya nos identifica al galán o la galana de la película que estamos comentando.

El autor de este humilde escrito vivió en Europa del Este, y hago valer esa experiencia para decir como muchos se equivocan al afirmar que aquel comunismo era un régimen de un solo partido, la verdad es que al final el eurocomunismo era el régimen de ningún partido. Allá la gente ya no hablaba de política, la burocracia los había despolitizado, los individuos “neutros” vieron caer las instituciones indiferentes y hasta alegres. Lo neutro no sirve a nadie, no dejemos nuestro proceso caer en los errores de aquel “socialismo real” como tampoco en ese adequismo de militancia sin ideología.

Escuché decir a un camarada: “El socialismo solo se hace con socialistas”, la verdad de esta expresión es demoledora, pues la irrebatible lógica dice que solo con limones se hace limonada. Ya Lenin afirmaba que no hay praxis sin teoría revolucionaria. Sin ideas no habrá un resultado que se corresponda con lo que el proceso significa.

Tenemos una tarea formidable, somos David lanzándole una piedra a Goliat, porque nuestro proceso histórico nos colocó en ese papel, porque la providencia quiso que fuéramos un ejemplo para la humanidad, pero eso sí, esa piedra tenemos que pegársela en la frente al gigante y cuando caiga tenemos, como David, que cortarle la cabeza con su propia espada porque si llega a levantarse de ahí, la historia tomará otro camino.

El socialismo no se produce con gente que simplemente “hace su trabajo” o “cuida el puesto” mientras desprecia el proceso. El ni-ni con responsabilidades de gobierno es una contradicción en sí misma y en ello no incluyo al técnico libre pensante ni al trabajador llano que al fin y al cabo viven en un país libre para asumir la postura política que les venga en gana. Hablo de gente empoderada con posiciones de jefatura dentro de las instituciones de la revolución y que viven de ella actuando con la burlesca astucia del súper escuálido altisonante de la cuadra cuando hace la cola del camión de Mercal, o del pensionado malagradecido que todos los meses aprovecha la oportunidad de la espera en el banco para lanzarle maldiciones al gobierno porque “esa pensión se la ganó con su trabajo” y “él no le debe nada a Chávez”, como si el decreto de liquidación del Seguro Social por Caldera II no hubiera existido. Pero hay una diferencia, ese vecino escuálido tiene derecho al Mercal y el pensionado a su pensión, el jefe ni-ni, en cambio, se vale de un engaño para hacerse responsable de conducir una parte del proceso en el ánimo de destruir cuanto pueda de éste al momento de la gran caída, que es el tiempo añorado y la esperanza de su ideal globovisionario. Con los ni-ni, ni se cuenta para el futuro ni se hará el socialismo.

(*)Psicólogo

miguelvillegasfebres@hotmail.com